Las devociones populares en España, manifestadas en romerías y peregrinaciones que movilizan a millones de personas cada año, son fenómenos complejos donde se entrelazan la fe religiosa, la identidad cultural, el poder institucional y una pujante industria turística, lejos de ser meros vestigios del pasado.
En resumen:
- Estas prácticas no son reliquias, sino realidades vivas que atraen a millones, combinando motivaciones espirituales, culturales y sociales.
- Detrás de la aparente unidad devocional, existen tensiones entre la tradición religiosa, el control eclesiástico, los intereses económicos locales y la búsqueda de experiencias auténticas.
- Comprenderlas es entender cómo la España contemporánea negocia su identidad entre lo sagrado y lo profano, lo local y lo global, la fe y el mercado.
¿Qué son las devociones populares y por qué siguen vivas en la España del siglo XXI?
Las devociones populares son prácticas religiosas arraigadas en la comunidad, que a menudo combinan elementos de la liturgia oficial con tradiciones locales, festivas y corporales. En España, su vigencia se explica por su capacidad de adaptación: no son un dogma inmutable, sino un espacio de encuentro, identidad y resistencia frente a la individualización y la digitalización de la vida. La romería, la peregrinación, la procesión, son actos físicos, colectivos, que reivindican el cuerpo, el territorio y el encuentro cara a cara. Son una respuesta a la soledad y la fragmentación social, un fenómeno que el estudio de la Universidad de Santiago de Compostela (2022) califica como "híbrido", donde lo espiritual, lo deportivo y lo cultural coexisten sin anularse mutuamente.
¿Cuáles son las romerías y peregrinaciones más multitudinarias y qué las distingue?
Las cifras son elocuentes: la Romería del Rocío, en Almonte (Huelva), movilizó en Pentecostés de 2023 a más de un millón de personas, según la Guardia Civil, consolidándose como la mayor concentración mariana de España. Su origen se remonta a una leyenda del siglo XV, pero la devoción actual se consolidó con la fundación de la Hermandad Matriz en 1758. La Romería de la Virgen de la Cabeza, en Andújar (Jaén), con 150.000 romeros en 2023, es la más antigua documentada, con origen en 1227 tras la conquista de Fernando III. El Camino de Santiago Francés registró 446.035 compostelas en 2023, un 11% más que en 2022, con un 44% de peregrinos españoles y el resto de 190 países, liderados por italianos, estadounidenses y alemanes. Otras citas relevantes incluyen la Peregrinación al Santuario de Torreciudad (Huesca), con 300.000 visitantes en 2023, impulsada por San Josemaría Escrivá en 1975 sobre un santuario medieval del siglo XI; la Romería de la Virgen de la Fuensanta (Murcia), con 60.000 asistentes; y la Romería de la Virgen de la Peña (Fuerteventura), que cada tres años atrae a 50.000 personas a la isla.
La distinción clave entre estas devociones reside en su escala y su relación con el territorio. El Rocío es una macrofiesta que desborda el pueblo de Almonte y genera una economía paralela. La Virgen de la Cabeza, en cambio, es una romería de montaña, con un fuerte componente de sacrificio físico. El Camino de Santiago es una ruta internacional que ha evolucionado hacia un fenómeno global. Las romerías más locales, como la de la Virgen de la Antigua (Sevilla), con 5.000 asistentes, mantienen un núcleo devocional más cerrado y comunitario.
¿Cómo se explica el auge del Camino de Santiago y su perfil de peregrino actual?
El auge del Camino de Santiago no es un fenómeno puramente religioso. La Oficina del Peregrino de Santiago de Compostela registró en 2023 un número de compostelas que se acerca a los récords prepandemia de 2019 (347.578). El perfil del peregrino ha cambiado: ya no es mayoritariamente un creyente que busca el perdón o la gracia, sino un viajero motivado por una mezcla de espiritualidad laica, deporte, contacto con la naturaleza y búsqueda de sentido. El estudio de la Universidad de Santiago de Compostela (2022) señala que la motivación religiosa explícita ha descendido, mientras que la cultural y la deportiva han aumentado. Este cambio ha generado una oferta de servicios que va desde albergues de lujo hasta empresas que venden "experiencias jacobeas", lo que ha alimentado el debate sobre la mercantilización de la fe. El Camino de San Salvador (León a Oviedo), con 3.500 pernoctaciones en 2023 (un 20% más que en 2022), y el Camino de Levante (Valencia a Santiago), con 2.500 peregrinos registrados (un 40% más desde 2019), son ejemplos de rutas alternativas que ganan popularidad, ofreciendo una experiencia menos masificada.
¿Qué papel juegan el poder, la economía y la jerarquía eclesiástica en estas devociones?
Históricamente, las romerías y peregrinaciones han sido un instrumento de cohesión social y control territorial. La Iglesia Católica, aliada con el poder civil (monarquía, nobleza), las utilizó para fijar población, marcar fronteras simbólicas y reforzar la identidad local frente a amenazas externas (moriscos, protestantes). Hoy, ese poder se ha desplazado. Las hermandades, como la del Rocío, son poderosas entidades económicas y sociales, con capacidad de movilización política y mediática. La pregunta es: ¿quién controla hoy el relato de la devoción? ¿La jerarquía eclesiástica, las élites locales, o la comunidad de base? El caso de Torreciudad es paradigmático: impulsado por el Opus Dei, es un ejemplo de devoción moderna sobre una base histórica, donde la gestión del santuario y la experiencia del peregrino están cuidadosamente orquestadas. La economía de estas devociones es inmensa: el Camino de Santiago genera un impacto económico estimado en cientos de millones de euros anuales, y el Rocío moviliza a miles de personas que gastan en alojamiento, comida, vestimenta y transporte. Este flujo de dinero crea tensiones entre la autenticidad de la fe y la lógica del mercado.
¿Devoción o turismo? El debate sobre la mercantilización de la fe
Este es el principal debate contemporáneo en torno a las devociones populares. Se enfrentan dos posturas claras:
- Postura A (Tradicionalista/Religiosa): Defiende que la esencia de la romería o peregrinación es el acto de fe, el sacrificio y la comunión con la comunidad creyente. Denuncian que el éxito masivo, especialmente en el Camino de Santiago, está diluyendo el sentido religioso, convirtiéndolo en un producto de consumo. Citan el aumento de peregrinos que no visitan la catedral ni asisten a misa, y la proliferación de albergues de lujo y empresas que venden "experiencias jacobeas" como pruebas de una pérdida de autenticidad.
- Postura B (Cultural/Sociológica): Argumenta que la vitalidad de estas devociones reside precisamente en su capacidad de adaptación. La masificación no es una amenaza, sino una oportunidad de difusión cultural y económica. La motivación del peregrino actual es híbrida (espiritual, deportiva, cultural, de contacto con la naturaleza) y eso no desvirtúa la tradición, sino que la enriquece. Señalan que las romerías más locales (Rocío, Fuensanta) mantienen su núcleo devocional intacto, mientras que el Camino de Santiago ha evolucionado hacia un fenómeno global que, en todo caso, democratiza el acceso a la experiencia espiritual.
El debate no tiene una respuesta fácil. La realidad es que ambas posturas contienen parte de verdad. La mercantilización es un riesgo real, pero también lo es la fosilización de una tradición que no se renueva. La clave está en encontrar un equilibrio que permita la pervivencia de la devoción sin que el mercado la devore.
¿Qué revelan estas devociones sobre la fe, la desigualdad y la resistencia social?
Las devociones populares son un espejo de la sociedad española actual. Revelan, en primer lugar, que la fe no ha desaparecido, sino que se ha transformado. No es una fe dogmática, sino una fe práctica, comunitaria y festiva. La romería es un espacio de resistencia a la individualización y la digitalización de la vida. Es un acto físico, colectivo, que reivindica el cuerpo, el territorio y el encuentro cara a cara. Es una respuesta a la soledad y la fragmentación social.
En segundo lugar, estas devociones revelan las desigualdades sociales. La masificación de algunas rutas (Santiago, Rocío) genera una tensión entre la élite que puede pagar la experiencia "auténtica" (alojamientos rurales de diseño, guías privados) y el peregrino popular que recorre la ruta con mochila y albergue. Se reproduce así la estructura de clases: el lujo convive con la austeridad, y el "peregrino de Instagram" puede desplazar al "romero de toda la vida". La conciencia crítica nos obliga a preguntar: ¿para quién es realmente esta devoción? ¿Quién se beneficia económicamente de ella? Las hermandades, como la del Rocío, son a menudo controladas por élites locales que utilizan la devoción para reforzar su poder social y político.
En tercer lugar, estas devociones son un espacio de resistencia. En un mundo globalizado y homogeneizado, la romería local es una afirmación de identidad, de pertenencia a un lugar y a una comunidad. Es una forma de decir "aquí estamos, somos diferentes, tenemos nuestra propia historia y nuestra propia forma de celebrar". Esta resistencia no es necesariamente política, pero tiene implicaciones políticas profundas.
¿Hacia dónde van estas tradiciones en un mundo digital y secularizado?
El futuro de estas devociones es incierto, pero no necesariamente sombrío. Por un lado, la secularización y la digitalización de la vida pueden erosionar el sentido religioso de estas prácticas. Por otro lado, la búsqueda de experiencias auténticas y de conexión comunitaria puede mantenerlas vivas, aunque transformadas. Es probable que veamos una mayor diversificación de las motivaciones de los participantes, con un aumento del peregrino cultural y deportivo, y una disminución del peregrino estrictamente religioso. También es probable que la gestión de estas devociones se profesionalice aún más, con un mayor control por parte de las administraciones públicas y de las empresas turísticas. La clave estará en la capacidad de las comunidades locales y de las instituciones religiosas para mantener el equilibrio entre la tradición y la innovación, entre la fe y el mercado. La declaración del Camino de la Vera Cruz (Caravaca de la Cruz, Murcia) como Año Jubilar 2024, que atrajo a más de 200.000 peregrinos en el primer semestre, demuestra que estas tradiciones, cuando se gestionan bien, pueden seguir siendo un potente imán.
Conclusión: un puente entre el camino exterior y el interior
Las devociones populares vivas en España son un espejo complejo. Reflejan una fe que se niega a morir, pero también una sociedad que negocia constantemente entre la tradición y el mercado, entre lo sagrado y lo profano. No son ni un reducto de pureza espiritual ni un mero espectáculo turístico. Son un campo de batalla simbólico donde se dirimen identidades, poderes y deseos. Entenderlas es entender cómo una sociedad se cuenta a sí misma quién es y hacia dónde va.
Para el buscador interior, estas tradiciones ofrecen una lección valiosa: el camino exterior, la peregrinación física, puede ser un poderoso catalizador para el camino interior, la búsqueda de sentido. No importa si la motivación inicial es la fe, la cultura o el deporte. Lo que importa es la disposición a abrirse a la experiencia, a dejarse transformar por el encuentro con uno mismo, con los demás y, quizás, con algo más grande. La romería, la peregrinación, es un recordatorio de que el viaje más importante es el que hacemos hacia nuestro propio centro, y que a veces, para encontrarlo, necesitamos ponernos en camino.
