En julio de 2023, arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel y la Universidad de Tel Aviv anunciaron el descubrimiento de un santuario tallado en la roca en la Ciudad de David, datado entre el 1150 y el 950 a.C., que reabre el debate sobre la historicidad del relato bíblico de Jerusalén en la época de los reyes Saúl, David y Salomón.
En resumen:
- Se trata de un recinto de 3,5 x 3,5 metros con instalaciones rituales, huesos de animales sacrificados y un sello con posible figura deidad, datado por carbono 14 entre 1100 y 920 a.C.
- El hallazgo enfrenta a maximalistas bíblicos, que lo ven como confirmación del relato de David, y minimalistas, que lo interpretan como evidencia de un pequeño asentamiento cananeo sin la monumentalidad descrita en la Biblia.
- Más allá del debate académico, el santuario nos obliga a reflexionar sobre cómo el poder político y la fe religiosa moldean nuestra interpretación del pasado y nuestras identidades colectivas.
¿Qué se encontró exactamente en la Ciudad de David?
La estructura descubierta es un recinto de aproximadamente 3,5 metros por 3,5 metros, tallado en la roca madre, con paredes de piedra y un piso de yeso. En su interior, los arqueólogos identificaron nueve instalaciones circulares y rectangulares excavadas en la roca, que interpretan como altares, bases para ofrendas o depósitos rituales. El hallazgo se realizó en la ladera oriental del monte Ofel, a unos 200 metros al sur del Monte del Templo, en el área conocida como la Ciudad de David, el núcleo urbano más antiguo de Jerusalén.
Las evidencias de actividad ritual son contundentes: se hallaron huesos de animales, principalmente ovejas y cabras, con marcas de sacrificio; fragmentos de cerámica, cuencos y vasijas que sugieren libaciones; y un sello de piedra con una figura que algunos interpretan como una deidad. El doctor Yiftah Shalev, de la IAA, lideró el equipo que realizó el descubrimiento durante las excavaciones sistemáticas en el área G de la Ciudad de David, entre 2021 y 2023.
El estado de conservación es parcial: el santuario fue desmantelado en la antigüedad, probablemente durante el reinado de Ezequías (c. 715-686 a.C.), cuando se centralizó el culto en el Templo de Jerusalén, según 2 Reyes 18:4. Esto sugiere que el lugar fue clausurado intencionalmente, quizás como parte de una reforma religiosa que buscaba eliminar los santuarios locales.
¿Cómo se dató el santuario y qué métodos se usaron?
La datación se realizó mediante carbono 14 sobre semillas carbonizadas halladas en el piso del santuario, analizadas en el laboratorio de la Universidad de Oxford. Las fechas calibradas oscilan entre el 1100 y el 920 a.C., lo que sitúa la estructura en la Edad del Hierro I y principios del Hierro IIA. Este período corresponde, según la cronología bíblica, a los reinados de Saúl (c. 1020-1000 a.C.), David (c. 1000-960 a.C.) y Salomón (c. 960-920 a.C.).
Además del carbono 14, los arqueólogos utilizaron la tipología cerámica para confirmar la cronología. Los fragmentos encontrados corresponden a vasijas típicas del Hierro I y IIA, similares a las de otros sitios como Megido, Hazor y Gezer. La combinación de ambos métodos proporciona una datación robusta, aunque con un margen de error de aproximadamente un siglo.
Es importante señalar que la datación por carbono 14 no es infalible: las semillas carbonizadas pueden ser de eventos anteriores o posteriores al uso del santuario. Sin embargo, el equipo de la Universidad de Oxford aplicó protocolos de calibración estándar, y los resultados fueron publicados en el Israel Exploration Journal en enero de 2024 (Shalev, Gadot et al., 2024).
¿Qué relación tiene este hallazgo con la Biblia?

La relación es compleja y depende de cómo se interprete el texto bíblico. La Biblia hebrea describe a Jerusalén como una ciudad jebusea conquistada por David (2 Samuel 5:6-9), quien la convirtió en su capital. Luego, Salomón construyó el Templo en el Monte del Templo (1 Reyes 6-8), centralizando el culto. El santuario hallado en la Ciudad de David, a solo 200 metros del Monte del Templo, podría ser un vestigio de las prácticas religiosas previas a esa centralización.
Para los maximalistas bíblicos, como la fallecida arqueóloga Eilat Mazar, el hallazgo confirma que Jerusalén era una ciudad lo suficientemente desarrollada como para tener una estructura ritual compleja, coherente con la descripción bíblica de una ciudad-estado cananea que David convirtió en su capital. Para ellos, el santuario pudo haber sido utilizado por los jebuseos antes de la conquista davídica y luego por los israelitas como un lugar de culto legítimo.
Para los minimalistas, como Israel Finkelstein, el santuario es evidencia de que Jerusalén era un pequeño asentamiento rural en el siglo X a.C., sin la monumentalidad que describe la Biblia. Según esta interpretación, el santuario refleja prácticas religiosas cananeas locales, no israelitas, y sugiere que la unificación del culto en Jerusalén fue un proceso tardío, probablemente del siglo VIII a.C., proyectado hacia atrás por los redactores bíblicos.
El punto intermedio, defendido por William G. Dever, propone que el santuario pudo haber sido utilizado por una comunidad mixta de cananeos y protoisraelitas, y que su existencia no prueba ni refuta de manera concluyente el relato bíblico, pero sí indica que Jerusalén tenía una vida religiosa más compleja de lo que los minimalistas admiten.
¿Quiénes construyeron el santuario: jebuseos, israelitas o una comunidad mixta?
Esta es la pregunta central del debate. Los jebuseos eran un pueblo cananeo que habitaba Jerusalén antes de la conquista davídica, según la Biblia. Los israelitas, por su parte, eran los seguidores de Yahvé que, según el relato bíblico, unificaron las tribus bajo un solo reino. La evidencia arqueológica no permite distinguir claramente entre ambos grupos, ya que las prácticas rituales cananeas e israelitas tempranas eran muy similares.
Los paralelos arquitectónicos con santuarios cananeos hallados en Megido, Hazor y Gezer sugieren que la estructura sigue un patrón cananeo. Sin embargo, la presencia de un sello con una figura que algunos interpretan como una deidad podría indicar una influencia israelita, si se identifica con Yahvé. Pero esta interpretación es especulativa: el sello es pequeño y la figura no tiene inscripciones que permitan identificarla con certeza.
Lo más probable, según la mayoría de los arqueólogos, es que el santuario fuera utilizado por una comunidad mixta, donde cananeos y protoisraelitas compartían prácticas religiosas. Esto es coherente con la evidencia de otros sitios de la Edad del Hierro I, donde la distinción entre "cananeo" e "israelita" es difusa. La identidad étnica y religiosa en el antiguo Cercano Oriente era fluida, y los santuarios locales solían ser utilizados por múltiples grupos.
¿Por qué este descubrimiento reabre el debate sobre el Jerusalén bíblico?

Porque toca el corazón de la historicidad del relato bíblico. Si Jerusalén era un pequeño asentamiento rural en el siglo X a.C., como sostienen los minimalistas, entonces la descripción bíblica de un reino unificado bajo David y Salomón sería una construcción literaria tardía, probablemente del siglo VII a.C. Si, por el contrario, Jerusalén era una ciudad con una estructura ritual compleja, como sugieren los maximalistas, entonces el relato bíblico tendría una base histórica más sólida.
El santuario no resuelve el debate, pero lo aviva. Por un lado, su existencia demuestra que Jerusalén tenía actividad religiosa en el siglo X a.C., lo que contradice la visión minimalista de un asentamiento insignificante. Por otro lado, su tamaño modesto (3,5 x 3,5 metros) y su estilo cananeo no apoyan la imagen de una gran capital israelita. El hallazgo es, en palabras de Finkelstein, "potencialmente significativo, pero no concluyente".
Además, el debate tiene implicaciones políticas y religiosas en el presente. Para el Estado de Israel, cada descubrimiento arqueológico en Jerusalén refuerza su reclamo histórico sobre la ciudad. Para los palestinos, estas mismas excavaciones son vistas como una apropiación de su patrimonio. El santuario se convierte así en un campo de batalla simbólico, donde la arqueología y la política se entrelazan.
Las posturas enfrentadas: maximalistas vs. minimalistas
El debate entre maximalistas y minimalistas no es nuevo, pero el santuario de la Ciudad de David lo ha reactivado. A continuación, se presentan las posturas principales:
Postura maximalista bíblica
Defendida por arqueólogos como Eilat Mazar (fallecida en 2021) y Gabriel Barkay, sostiene que el santuario fue construido por los jebuseos antes de la conquista davídica y posteriormente utilizado por los israelitas como un lugar de culto legítimo. Para ellos, el hallazgo confirma la existencia de una Jerusalén lo suficientemente desarrollada como para tener una estructura ritual compleja, coherente con la descripción bíblica de una ciudad-estado cananea que David convirtió en su capital. Citan 2 Samuel 5:6-9 como evidencia textual de la conquista y 1 Reyes 6-8 como prueba de la centralización del culto en el Templo.
Postura minimalista o escéptica
Representada por Israel Finkelstein y el equipo de la Universidad de Tel Aviv, argumenta que el santuario es evidencia de que Jerusalén era un pequeño asentamiento rural en el siglo X a.C., sin la monumentalidad que describe la Biblia. Según esta interpretación, el santuario refleja prácticas religiosas cananeas locales, no israelitas, y sugiere que la unificación del culto en Jerusalén fue un proceso tardío, probablemente del siglo VIII a.C., proyectado hacia atrás por los redactores bíblicos. Finkelstein ha señalado que "la Jerusalén de David y Salomón era una aldea sin palacio ni templo monumental".
Postura intermedia o centrista
William G. Dever y otros arqueólogos "centristas" proponen que el santuario pudo haber sido utilizado por una comunidad mixta de cananeos y protoisraelitas, y que su existencia no prueba ni refuta de manera concluyente el relato bíblico, pero sí indica que Jerusalén tenía una vida religiosa más compleja de lo que los minimalistas admiten. Dever ha calificado el hallazgo como "una pieza clave para entender la religión temprana de Judá".
| Aspecto | Maximalistas | Minimalistas | Centristas |
|---|---|---|---|
| Datación | Siglo X a.C., coherente con David | Siglo X a.C., pero sin evidencia de reino unificado | Siglo X a.C., pero contexto mixto |
| Identidad | Jebuseos e israelitas | Cananeos locales | Comunidad mixta |
| Implicaciones bíblicas | Confirma el relato de David | Refuta la historicidad del reino unificado | No concluyente, pero sugiere complejidad |
| Evidencia clave | Paralelos con Megido y Hazor | Tamaño modesto y estilo cananeo | Huesos de animales y sello |
¿Qué nos enseña este hallazgo sobre el poder y la fe?

El santuario de la Ciudad de David no es solo una estructura antigua; es un espejo donde se reflejan nuestras propias necesidades de legitimación. La interpretación del santuario está inevitablemente politizada. Para el Estado de Israel, cada descubrimiento arqueológico en Jerusalén refuerza su reclamo histórico sobre la ciudad. Para los palestinos, estas mismas excavaciones son vistas como una apropiación de su patrimonio. El debate no es solo académico: tiene consecuencias diplomáticas, legales y emocionales. Cuando un arqueólogo dice "esto prueba la Biblia", está haciendo también una declaración política sobre quién tiene derecho a gobernar Jerusalén.
La religión israelita antigua no surgió completamente formada, como un monolito, sino que evolucionó a partir de prácticas cananeas. El santuario sugiere que los primeros israelitas adoraban en lugares locales, con rituales de sacrificio animal y libaciones, muy similares a los de sus vecinos. La centralización del culto en el Templo de Jerusalén fue un proyecto político-teológico del rey Ezequías y, más tarde, del rey Josías, no una tradición inmemorial. Esto nos recuerda que las religiones vivas se adaptan, cambian y a veces borran su propio pasado.
La controversia revela cómo las sociedades modernas usan el pasado para justificar el presente. Tanto los maximalistas como los minimalistas seleccionan evidencias que apoyan sus narrativas. El público culto debe aprender a leer estos debates con ojo crítico: no para decidir quién tiene razón, sino para entender que la arqueología es una ciencia humana, no una máquina de verdades absolutas. El santuario existe; lo que significa depende de nosotros, de nuestras preguntas y de nuestra honestidad intelectual.
¿Cómo visitar el santuario y qué significa para el presente?
El sitio no está abierto al público general; solo se permite el acceso a investigadores y periodistas acreditados, y se encuentra protegido bajo la Ley de Antigüedades de Israel de 1978. Sin embargo, el Parque Nacional de la Ciudad de David es accesible a los visitantes, y se pueden ver otras estructuras de la misma época, como el túnel de Ezequías y la piscina de Siloé. El santuario en sí permanece cubierto para su protección, pero se espera que en el futuro se habilite una visita virtual o un mirador.
Para el presente, el santuario es un recordatorio de que Jerusalén no es solo una ciudad de piedras; es un símbolo que cada generación reinterpreta. Y en esa reinterpretación, tanto los arqueólogos como los creyentes, los políticos y los escépticos, estamos todos implicados. La lección más profunda es que nuestra identidad colectiva se construye sobre una base frágil de evidencias y narrativas, y que la honestidad intelectual requiere reconocer esa fragilidad.
Un puente hacia el camino interior
Más allá del debate académico y político, el santuario de la Ciudad de David nos invita a una reflexión personal. Si la religión israelita antigua evolucionó a partir de prácticas cananeas, si la centralización del culto fue un proyecto político, si los textos bíblicos fueron escritos siglos después de los eventos que describen, entonces nuestra fe no depende de la exactitud histórica de cada detalle, sino de la verdad espiritual que esos textos transmiten.
El santuario nos recuerda que lo sagrado no siempre está en los grandes templos, sino también en los pequeños altares domésticos, en los rituales cotidianos, en la comunidad que se reúne para compartir una ofrenda. La búsqueda de lo divino es universal, y las formas cambian con el tiempo. Lo que permanece es la necesidad humana de conectar con algo más grande que nosotros mismos, de dar sentido a nuestra existencia, de encontrar un lugar en el cosmos.
Quizás la lección más valiosa del santuario sea esta: no necesitamos pruebas arqueológicas para justificar nuestra fe, ni debemos temer que la ciencia la desafíe. La fe y la razón pueden coexistir, siempre que reconozcamos sus límites. El santuario tallado en la roca de la Ciudad de David no es una prueba ni una refutación; es una invitación a mirar hacia adentro, a preguntarnos qué es lo sagrado para nosotros, y a encontrar nuestro propio altar en el corazón.
